La práctica de espada en Taichi invita a explorar la unión entre firmeza y suavidad. El entrenamiento comienza afinando la postura y la respiración, permitiendo que el cuerpo encuentre estabilidad antes de mover la hoja. Cada gesto se ejecuta con intención precisa: levantar la espada, describir un círculo, avanzar con un paso ligero o retroceder manteniendo la atención en el eje central. La mente se aquieta mientras el practicante aprende a dirigir la energía hacia la punta, como si el movimiento surgiera desde el interior y fluyera sin esfuerzo. La espada enseña a mantener la distancia, a escuchar el ritmo del propio cuerpo y a responder con calma ante cualquier cambio. Con la repetición, la coordinación se vuelve más natural y la forma adquiere elegancia. Practicar así no solo fortalece el cuerpo, sino que cultiva claridad mental y una sensación profunda de armonía.


